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En el año de 1983 era yo un chiquillo de 19 años. Un muchacho estudiando aún la preparatoria, después de una larga historia de tropiezos y enmendaduras estudiantiles, no por falta de inteligencia sino en realidad por falta de interés.

Ese año estuvo lleno de duros cambios en mi vida. Entre ellos y el más importante, fue el embarazo de mi novia. Cuando me enteré sentí que todo había terminado para mí.

Tuve que dejar la escuela (honestamente ese punto nunca me dolió) sin embargo tuve que comenzar a trabajar. ¿Qué trabajo iba a desempeñar? ¡No tenía ni la menor idea! No sabía hacer nada…

Mi papá me pregunto acerca de cómo podría él ayudarme y al final decidió comprar un taxi para que yo pudiera tener una forma de ingresos emergente. Así comenzó mi nueva experiencia en esa cruda realidad llamada vida.

Honestamente el trabajo era duro y no me podía identificar con él, lo que hacía de cada jornada un largo e interminable suplicio. Uno de esos días hubo una reunión familiar a la que asistieron cuatro personas quienes lograron generar en mí un gran interés por algo que jamás llegué a tomar si quiera en cuenta. Mi tío Federico Holm W. (jefe de cabina de DC-10) Mi prima Yolanda Damm Garibay (Mayor DC-8) Mi primo Roberto Holm Garibay, hoy “Ingrid” (Mayor B Boeing 727) y por último mi Tío Eligio González (Servicio de equipajes de American Airlines) comenzaron a cuestionarme acerca de lo que estaba haciendo en ese momento y qué tanto lo disfrutaba, ellos sabían perfectamente que no estaba feliz, por lo que me sugirieron intentar aplicar como sobrecargo de aviación.

La verdad es que al siquiera imaginarlo se me hacía prácticamente un sueño inalcanzable. Verlos a todos ellos cuando llegaban a las reuniones o se iban de ellas a sus vuelos con sus uniformes tan hermosos con ese aire de internacionalización, aquellos quienes eran el centro de atención de todas las pláticas en esas reuniones, era para mi un sueño que comenzó a gestarse como una semilla recién sembrada con una gran velocidad de crecimiento.

En esa época solo pude limitarme a estar visitando el sindicato de sobrecargos, para recibir siempre la misma respuesta: “en este momento no hay contrataciones” Cada vez que me dirigía a la colonia del Valle (dando el servicio de taxi) “aprovechaba” para ir a las oficinas de Patricio Sanz para corroborar justamente la misma respuesta de siempre. ¡Ah! pero cuando me salía un viaje al aeropuerto ¡era casi un dia de fiesta! ya que lo que hacía primero era dejar al pasajero e inmediatamente cruzaba del otro lado del circuito interior, me compraba una torta de milanesa en un puesto que se encontraba justo en la esquina en la que terminaba el hotel Holiday Inn aeropuerto. Ya con mi torta en mano, me subía al taxi y me dirigía nuevamente al aeropuerto para comenzar a ascender piso por piso el estacionamiento hasta el último nivel.

Desde ese prácticamente mi “Roof Garden” dentro de mi taxi estacionado con el frente mirando hacia las pistas, disfrutaba una y otra vez de los despegues y aterrizajes de las aeronaves cuyo sonido proveniente de sus turbinas hacían que mi emoción y mi sueño de ser sobrecargo crecieran aún más y más. Ese pequeño taxi volkswagen amarillo era como una máquina del tiempo la cual me llevaba a viajar en el futuro, en donde me veía a mí mismo uniformado, caminando por los pasillos del aeropuerto tirando de mi carrito portaequipajes. ¡Qué emocionante era imaginarlo! Cuando de pronto me percataba que ya había transcurrido mucho tiempo entonces me bajaba de la nube y me regresaba a trabajar dentro de la cruda realidad.

Así transcurrió el tiempo y en honor a la verdad la esperanza de hacer realidad ese sueño cada vez estaba más lejano, y honestamente el matrimonio incipiente que comenzaba en mi vida estaba plagado de momentos desagradables, discusiones y desilusiones.

El día menos pensado pasé a saludar a mis papás a su casa y como era costumbre de vez en cuando, me invitaron a cenar antes de irme a mi casa. Yo me encontraba esa noche muy cansado, había sido un largo día. Todo transcurría de forma normal hasta que mi mamá me dijo: Ah, hijo, por cierto, te llamaron del Sindicato de Sobrecargos, que si puedes ir a una cita. Me dijeron que tienes que asistir el próximo martes a las 11:00 a.m. ¡Yo no podía creer lo que escuchaban mis oídos! ¿estaba soñando? ¿era una mala broma de mi mamá? ¡No, ella no sería capaz de hacerme algo así! Pero, ¿qué más te dijeron? ¿tengo que llevar algún documento? ¡Algo más de información por piedad!

Al cabo de unos minutos pude calmar mis irrefrenables ímpetus de niño de 19 años quien clamaba por tener una nueva ilusión que le diera un mayor sentido a su vida. Me calmé y a partir de ese momento los días transcurrieron más lentos que un reloj de arena.

Por fin llegó el día, aunque no tenía ninguna información de para qué era la cita, mi sentido común me aseguraba a gritos que era relativo a que ¡por fin las contrataciones habrían comenzado!

Capítulo 2

Esa mañana comenzó demasiado temprano. Desde las 4 am me levanté, me bañé, me arreglé bajé a prepararme el desayuno, nada de esto sin el acompañamiento de reclamos por “espantarle” el sueño a la entonces mi esposa, además de un “cariñoso” “sólo vas a perder el tiempo, mejor vete a trabajar”. La verdad ya en ese punto todo aquello era como una voz que yo escuchaba en segundo plano y que ya no me ofendía, tenía ya una motivación mucho mayor como para enfocarme en toda esa verborrea.

Arranqué el taxi y para ese momento ya eran al rededor de las 7:00 am. Mi intensión era comenzar a trabajar en las inmediaciones de la colonia del Valle, para poder llegar a tiempo a mi tan esperada cita. A la altura de la esquina de av. Cuauhtemoc con Av. Chapultepec en la col. Roma, me hizo la parada un señor de mediana edad, calvo y hasta cierto punto con una facha un poco desaliñada. Al detenerme se acercó a la ventanilla y me preguntó que si podía llevarlo a la colonia Obrera. Inmediatamente le respondí que con mucho gusto, ya que el destino se encontraba dentro del radio que me había marcado para no llegar tarde al gran evento. Subió el hombre y lo primero que me preguntó que por qué razón iba yo tan elegante (usando un traje) que no era común ver así a un taxista. Le expliqué que iría a una cita de trabajo y asintió. Cuando llegamos al destino, bajó del taxi y me pidió que por favor le esperara unos minutos y acepté. Cuando me di cuenta. de pronto abrió la puerta y comenzó a subir a una anciana que a penas podía caminar, le decía, a ver mamá apóyate allí, sostente allá, en fin, no tuve tiempo de nada, cuando me percaté que la señora con mil esfuerzos se había instalado y acomodado en el asiento de atrás. Ya para entonces habían dado las 9:50 a.m. Vi de reojo mi reloj y en ese momento me dijo el pasajero con una gran seguridad: “ Por favor llévenos a la salida a Puebla, un poco más adelante de “La cabeza de Juárez”;

¡¿Queeeé?! dentro de mi mente resonó esa pregunta ¡No voy a alcanzar a llegar! Fue entonces que con toda la vergüenza del mundo le dije al señor que no podía llevarlos debido a la cita de trabajo que tenía.

Aparentemente el tipo era de mecha muy corta y de pronto, comenzó a mostrarme todo un repertorio de malas palabras y amenazas además de una “charola” de policía judicial y una pistola de color negro pavonada: “ O me llevas o no te la vas a acabar” Le expliqué nuevamente el porqué no podía llevarles y sólo se limitó a responder: “A mi me vale mad… O me llevas o me llevas hijo de tu…”

Dentro de mi había una revolución de sensaciones de subidas y bajadas estrepitosas. Lo único que sabía era que me quedaba un poco mas de una hora para llevarlo y regresar a mi cita. Como es sabido por todos ustedes, en esa época no había teléfonos celulares, y la única forma de llamar era en una de las casetas telefónicas las cuales funcionaban sólo con tarjetas pre pagadas, y por supuesto, yo no tenia una pero mucho menos tenía a la mano el teléfono del sindicato para intentar recorrer mi cita.

Mi mente comenzó a recorrer el camino a una velocidad vertiginosa tratando de calcular el tiempo que me llevaría toda esa diligencia. Por más benévolo que mi calculo hubiese resultado, reconocí que ni en las mejores condiciones de tránsito podría recorrer esa distancia y llegar a la colonia del Valle a tiempo. Tomé entonces una decisión: Le dije al hombre que aceptaría llevarles, sólo le pedía que me diera la oportunidad de hacer una llamada para posponer mi cita. Tomé mi portafolio bajé del auto y me dirigí a la esquina de la cuadra en donde destacaba reluciente una cabina telefónica.

Eran ya las 11:25 am cuando me bajé del taxi que me dejó justo a las puertas de las oficinas de Patricio Sanz. Había escapado de mi pasajero dejándolo a él y a su cabecita blanca esperando no se cuánto tiempo, no se qué haciendo dentro de mi taxi. Lo importante era eso: “Legué a tiempo a mi cita”

Toqué la puerta y el vigilante de la entrada me pregunto el motivo de mi visita y con todo el pecho henchido de orgullo le dije: “Tengo cita para contratación” me pidió mi nombre y lo cotejó con una lista que tenía, la cual recorrió dos o tres veces y no veía mis generales. Cruzaron por mi cabeza mil y un dudas y temores: ¿No se habría equivocado mi mamá? o ¿habría entendido mal el recado? De pronto escucho: “¡Ah ya lo encontré joven!” Pase por favor, ¿me permite su identificación?

Cinco minutos después, me encontraba sentado en una de las butacas del auditorio de la planta baja junto con otras 30 personas, entre mujeres y hombres, todos ellos con la misma expresión facial de intriga e impaciencia.

Alguien quien aparentaba ser una secretaría aparecía de tiempo en tiempo llamando en parejas a los asistentes que poblábamos ese pequeño auditorio. De pronto escuché los nombres: “Antonio Verduzco y Fernando Garibay” síganme por favor…

Capítulo 3

Hevia se apellidaba aquel hombre de mostacho grande y apariencia hosca. No recuerdo su nombre de pila sin embargo nunca fue relevante ya que al tenerme frente a él en su oficina, su actitud era mecánica y poco cálida. Lo primero que hizo fue decirme que aún no había contrataciones, pero que estaban iniciando las entrevistas para ir ganando tiempo. Pasé después con la psicóloga, después con el médico y por último con Don Gustavo Osorio Padre quien fue en realidad la persona más cálida dentro de esas entrevistas. El fue quien se tomo el tiempo de explicarme paso a paso el por qué estaba yo allí. Me dijo que ya sólo tenía que llevar los documentos que me pedían en una lista y que no quedaba más que esperar un poco.

Abandoné las oficinas del sindicato al cabo de unas 5 horas después de que llegué por la mañana. Salí con un hambre atroz pero más atroz era mi preocupación por saber qué había pasado con mi taxi. Me dirigí en el metro hacia la zona en donde había abandonado a mi pintoresco vocho amarillo. Cuando llegué a la zona de abandono, no vi nada, no estaba mi auto y lo primero que pensé fue que el mentado tipo se lo había llevado en venganza por haberme ido de buenas a primeras. ¡No sabía que hacer!, conocía la casa de donde sacó a su anciana madre, pero ni de loco me atrevería a tocar para indagar acerca de la suerte que había corrido mi inocente vochito.

Decidí irme a casa por ese día.

A la jornada siguiente me dediqué de lleno a buscar mi auto. Como los lectores deben recordar, en esa época no existía internet y aunque si existía Locatel, no ofrecía el servicio de localización de unidades desaparecidas.

Todo el dia me tomó para buscar el auto hasta que por fin pude localizarlo, y ¿donde creen ustedes que estaba? estaba en un corralón que se encontraba justo detrás de “La Cabeza de Juárez”. Al final de la historia no me libré de ir a ese lugar a donde no quise llevar a los pasajeros. Pagué mi multa y recuperé mi taxi, al cual afortunadamente aún no le habían pasado “la bascula” en sus partes y refacciones.

Septiembre de 1984

Casi un año después de aquel incidente del taxi, lo conducía sobre el circuito interior a la altura de la Raza. Más adelante, justo frente al edificio del hospital en la esquina en donde se encuentra un hotel de “mala muerte” cuyo nombre ni recuerdo ni me importa, un hombre con equipaje me hizo la parada.

Aquel hombre usaba un traje de dos piezas de color azul marino y chaleco del mismo color y como seña particular portaba unas insignias doradas en el saco. Al escudriñar un poco a través del espejo retrovisor me di cuenta que dicha insignia metálica incluía el logotipo de la “Compañía Mexicana de Aviación”.

¿Me llevas al aeropuerto por favor? me pidió el pasajero, e inmediatamente al arrancar le pregunté: ¿Eres sobrecargo verdad? Me respondió que si y que se dirigía a cubrir su vuelo a San Antonio Texas. Le pregunté que si conocía a mi primo Roberto Holm y me respondió sobresaltado que si y que incluso era un muy buen amigo suyo.

La plática rumbo al aeropuerto, sorteando una buena cantidad de transito automovilístico, se basó por supuesto en el tema de la aviación, y todas las peripecias que había yo ejecutado para al fin hasta ese dia no tener nada en concreto. De pronto él subrayó: Ponte buzo ¿eh? no estoy muy seguro pero al parecer ahora están haciendo contrataciones para Aeroméxico. ¿Queeeé? y ¿por qué no me han llamado?, ¿Ya me batearon? Todos esos cuestionamientos internos hicieron que mi cara se desencajara y creo que mi acompañante lo notó ya que trató de arreglar la situación agregando: “Bueno, no se si ya empezaron o no, pero de que que las va a haber, las va a haber” Sería bueno que te fueras a dar una vuelta al “Cindy Lauper”. Me deseó mucha suerte con ese tema y descendió del automóvil en el área de llegadas nacionales.

El camino se trazó en mi cerebro con la siguiente ruta: Circuito interior – Viaducto Miguel Alemán – Patricio Sanz. No se cuánto tiempo transcurrió, lo que si sé es que en mi mente durante todo el camino se presentaba y se representaba, qué iba yo a preguntar y/o a quién me iba a dirigir. Cuando llegué ví un grupo grande de personas tratando de ingresar a ASSA, y a quienes no les permitían la entrada. Por supuesto que mi inteligencia me decía que si me sumaba a ese grupo lo único que conseguiría sería adherirme a un club de personas con frustración al cual no les permitirían la entrada. Entonces me pregunté: ¿Qué puedo hacer?, bueno ¡pues ni modo! tendré que echar una mentirilla blanca. Toqué en la puerta de entrada en donde el vigilante preguntaba a quien llegaba: ¿Si dígame? preguntó el policía… “Hola poli, me dijeron en casa de mis papás que me llamaron de aquí del sindicato, que para recoger una carta” El policía dudó un poco y me pidió que pasar a la recepción. En la recepción apliqué la misma mentira, ya que sabía que no tenía ya nada que perder, y me mandaron con una secretaria en el segundo piso. Yo sabía perfectamente que en cualquier momento se detendría ese proceso ya que no era más que una mentira desesperada sólo para poder entrar y hacer no se qué. Simplemente me dejé llevar. La secretaria me veía recelosa y no comprendía lo que hacía yo allí (simplemente repetiría la misma mentira). Se me quedo viendo para de pronto abrir un cajón de su escritorio, extrajo un gran paquete de sobres blancos y preguntó:¿Apellidos? entonces respondí: “Garibay Olvera” ella comenzó a buscar en el paquete y yo simplemente esperaba escuchar que no estaba mi sobre, que llamara después. Sin embargo durante la búsqueda y escamoteo con sus dedos, estos se detuvieron en medio del paquete y volvió a preguntar: ¿Fernando?

Salí del edificio haciendo un esfuerzo infrahumano para no ponerme a brincar y a gritar de la felicidad, simplemente me limité a caminar como ganso a paso veloz, con una falsa seriedad en mi cara y despedirme del policía con un simple: gracias poli…

Al dar la vuelta a la esquina de Eugenia, y rumbo a insurgentes, busqué a mi inseparable taxi para refugiarme en la intimidad de su interior, en donde sí pude gritar de júbilo. La carta decía que se me daría la oportunidad de aplicar y postularme como sobrecargo de Aeronaves de México, s.a. de c.v. …

Capítulo 4

Esa mañana de octubre se desbordaba un escenario hostil e infructuoso con los reclamos incisivos y repetitivos provenientes de la que en ese entonces fuese mi esposa. La discusión se generaba principalmente por la reacción que ella iba mostrando cada día que se acercaba más el verificativo de mis exámenes de selección en la empresa Aeronaves de México.

En la primera etapa ella dudaba mucho que yo alcanzara la posibilidad de ser seleccionado, y honestamente, durante esa época mostraba que le importaba muy poco. Sin embargo, al ver todo el progreso que llevaba ya en mi proceso de contratación, su actitud comenzó a cambiar.

Ella se mostraba molesta todo el tiempo, retadora, francamente enojada. Sin embargo, y en honor a la verdad, yo ya no le daba la mayor importancia.

Faltaba sólo una semana para mi entrevista inicial en la calle de Lerma en la col. Cuauhtemoc y esa tarde me dediqué a reunir los documentos que la empresa me estaba solicitando. Dichos documentos eran los que tradicionalmente eran solicitados en cualquier empresa para cualquier empleo, sin embargo, en esta ocasión había 2 documentos especialmente importantes: La Cartilla Militar y el Pasaporte Mexicano. Todos mis documentos estaban completos, vigentes y ya recolectados, los guarde en un folder plástico el mismo que introduje en un cajón de un mueble de madera que se encontraba en una de las recámaras de mi casa.

Yo ya en ese momento vivía dentro de una especie de “nube rosa” por que estaba seguro que no tendría ningún inconveniente para ser aceptado y reclutado ya todo era cuestión de tiempo.

Me retire a trabajar llevando y trayendo pasajeros en el memorable taxi amarillo.

Ya por la noche regresé a mi domicilio y como un niño que espera algo muy ansiado, me dirigí a la recámara en donde estaba el mueble en donde guardé mis documentos, para verlos y seguir saboreando el “preámbulo” de todo aquello que yo ya vislumbraba como una nueva vida, como el cumplimiento finalmente de un sueño, mi sueño de casi dos años…

El edificio de las oficinas generales de Aeroméxico se encontraba en una de las zonas más céntricas del Distrito Federal, y era muy agradable ir a ese sector de la ciudad a dar seguimiento a todos mis trámites: Primero, los exámenes: de conocimientos así como los psicométricos, y posteriormente, examen médico, audiométrico y visual, un par de entrevistas (en inglés y en español). Los resultados los tuvimos casi de inmediato, a mi la verdad ya no me sorprendió, yo me sentí dentro de la empresa desde el primer minuto en que tuve en mis manos la famosa carta emitida por ASSA. Estaba a un paso de firmar contrato como empleado oficialmente contratado, y este era entregar las copias y originales de los documentos oficiales mismos que integrarían en nuestros expedientes ya como empleados de la empresa.

Aquel 28 de noviembre de 1984, pasé a formar parte de la plantilla laboral de Aeronaves de México, s.a. y justo ese día fue el primer día de adiestramiento inicial como sobrecargo de aviación. Me integraron al grupo de nuevos sobrecargos del que formaba parte, encontrándome con los siguientes compañeros:

Luis Manuel Montoya “Enríquez”, María elena Ibarra “Ulloa”, Olga concretas “Macías”, Lydia Fuentes “Guajardo”, Julieta “Galicia” Huerta, Alejandro “Baumgarten” Trujillo, Jorge, Chavez “Roulbet”, Francisco “Augusto” Rodríguez, Jorge “Cerrillo”, Elsa “Vera”, Antonio “Verduzco”, Rocío “Salmerón”, Patricia “Parada”, Irma “Morelia” Curiel, “Ileana” Ramírez, Sandra “Martín del campo”, Carlos Miguel “Bautista” Quiróz y “Marco Alcocer”. Y finalmente el servidor de todos ustedes: Fernando Garibay “Olvera”

Fueron 30 inolvidables dias de nuevas e inimaginables experiencias. Jornadas enteras absorbiendo una gran cantidad de interesantes conocimientos pero sobre todo una inolvidable fuente de amistades entrañables.

Todo transcurrió como lo esperado, sin embargo como nos tocó tomar el adiestramiento durante todo el mes de diciembre, esperamos las fiestas y finalmente nos asignaron rol a partir del mes de enero de 1985.

Del último dia del adiestramiento a mi primer vuelo había un lapso de tan sólo 7 dias. Esa noche llevé a mi inseparable taxi amarillo a la casa de mis papás para darles las gracias por haberme ayudado a tener un medio de ingresos, pero ahora ya no lo utilizaría más. Les sugerí ponerlo a trabajar con algún chofer contratado por ellos. Ellos muy contentos me desearon lo mejor.

Esa noche volví a casa después del trabajo y fui directamente al cajón, saqué el folder y por simple reflejo volví a revisar mis documentos. En un principio no me percaté del faltante, pero al mirar nuevamente, me di cuenta que faltaba mi Cartilla militar y mi Pasaporte. Sin alarmarme, miré debajo del mueble, detrás del cajón, ya con un nerviosismo más marcado en toda la habitación y en un par de minutos después ya aterrado en toda la casa. Desesperado le pregunté a mi esposa si ella había hecho algo con mis documentos (ya que vivíamos ella y yo solos en esa casa) y con una risita burlona me dijo que no sabía de qué le hablaba, pero con los ojos me dió a entender en el leguaje del odio que ella había sido la responsable de la desaparición. Por más que le rogué y le supliqué que me los devolviera sólo reía sarcásticamente. Mi primer vuelo era tan sólo en unos dias y sería un directo a IAH (Houston) y para mi mala suerte (además de todo) tendría que salir como PAX.

Imagínense, mi primer vuelo y faltaría a él, sólo por no tener mi pasaporte, además de la cartilla, que al salir como PAX tendría que pasar por migración y en esa época la cartilla militar liberada era un documento indispensable para abandonar el país.

¡No podía creer que estuviera durmiendo con el enemigo! Sinceramente mi mente estaba en blanco y no tenia ni la menor idea de que iba a hacer, creí que me despedirían porque el trámite de reposición de pasaportes, visas y cartillas, por la época, estaban fuera de servicio y no sabía hasta cuando podría reponerlos.

Dicen que Dios aprieta pero no ahorca. Pasaron tres días de esto y yo ya estaba en un proceso de duelo ya que no podía hacer nada. Era muy temprano y sonaba la campana del camión de la basura como todos los días al rededor de las 7:00 am. De pronto sonó el timbre de la casa y me asomé a ver quien tocaba: era uno de los chicos del servicio de limpia y me imaginé que como de vez en cuando lo hacen, fue a pedir “para su refresco”. Sinceramente me molestó un poco esta situación ya que me sentía muy mal. Salí para decirle que pasara después, y cuál fue mi sorpresa que me preguntó: “¿No es tuya esta credencial?” Al mostrarme el documento, el color verde de la cubierta de ese pasaporte, produjo el renacimiento de una esperanza grandísima, salí y casi se lo arrebaté. Sí, era mi pasaporte, tenía la contra portada de la parte trasera manchada como de “mango”, pero sí era mi documento y el sello de la visa estaba intacto. Me dijo que se lo había encontrado entre la basura del día anterior ya cuando vaciaban el camión en el tiradero y al ver la foto me recordó como un vecino de la cuadra en donde trabajaban con el camión. Le pregunté esperanzado si había visto mi cartilla, pero recibí una rotunda negativa.

Al final la mujer que deseó mi desgracia no pudo salirse con la suya y como han de imaginarse, mi matrimonio concluyó en esos dias por lo que regresé a vivir con mis padres.

Epílogo

Aún tenía a cuestas el problema de la falta de la cartilla. Esa noche hubo una reunión familiar a la que asistieron mis familiares sobrecargos. Me preguntaron que si después de ese vuelo tendría mas vuelos saliendo de méxico como PAX, les dije que no, y tan sencillo como esto me dijeron: “No te preocupes Fer, sólo pásate uniformado por migración y ya estando en la sala de abordaje te cambias en el baño.” Ya tendrás tiempo suficiente para tramitar tu reposición de cartilla más adelante. Así lo hice y por fin arrancó el sueño de casi 4 años de maravillas terminando abruptamente por una huelga que terminó en la quiebra de la empresa una tarde del mes de abril del año de 1988.

Durante esos casi cuatro años, viví situaciones inolvidables con muchos de ustedes, hice mil recuerdos y amistades, crecí como persona (los viajes ilustran) y forjé mi personalidad para mas adelante lograr nuevos sueños que tal vez parecían imposibles.

Tuve la oportunidad de estudiar la Licenciatura en Sistemas Computacionales Administrativos y ya más mayorcito la Licenciatura en Mercadotecnia y Publicidad. He creado mi propio negocio desde hace ya mas de 20 años.

Hoy en día mi agencia de servicios digitales y publicidad online me permite continuar con mis viajes aunque ya ahora como pasajero. Hoy comparto mi vida con una mujer extraordinaria a quien le debo gran parte de lo que he logrado así como también la gran dicha de haberme dado y tener a mis dos hermosas hijas a mi lado.

Muy atentamente

Fernando Garibay “OLVERA”

Sobrecargo 2do DC-9

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GLOSARIO:

  • Jefe de Cabina DC-10: Sobrecargo de Aeroméxico con mayor rango y responsabilidad en el avión DC10 (Mc Donell Douglas)
  • Mayor DC-8: Sobrecargo de Aeroméxico con mayor rango y responsabilidad en el avión DC8 (Mc Donell Douglas)
  • Mayor B Boeing 727: Sobre cargo de Mexicana de Aviación a nivel sub gerencia de equipo
  • Sindicato de Sobrecargos, también ASSA de México: Era laAsociación Sindical de Sobrecargos de Aviación. El proceso de contratación se hacía partiendo de esta asociación. En el argot de los sobrecargos también se le conocía coloquialmente como “Cindy Lauper” Se ubicaba en la calle de Patricio Sanz en la col. del Valle en la Cd. de México.
  • “Charola”: Sobre nombre popular que se le daba a las identificaciones oficiales en los años 70, y se les llamaban asi por que eran metálicas
  • “La Cabeza de Juárez”: Es un monumento justamente alusivo a Benito Juárez, es un busto de este personaje de la historia de tamaño colosal y se encuentra en las afueras de la ciudad de méxico justo a la salida hacia Puebla.
  • Corralón: Patio de encierro para los vehículos inmovilizados por los agentes de tránsito que son obligados a pagar multas de liberación.
  • “Pasar la Báscula”: Frase usada como sinónimo de “esculcar” o “registrar” en los bolsillos de alguien para encontrar objetos de valor y despojar al esculcado.
  • IAH: “International Airport of Houston”
  • PAX: Abreviatura en la industria aeronáutica para referirse a “pasajero”